¿Un cementerio en el turó de la Rovira?

Según explica el fascinante Libro Verde de Joan Cortada y Josep de Majarrés sobre las costumbres de Barcelona, publicado en 1848, el 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, tenía un carácter festivo en el que los panellets y la castanyada eran los protagonistas. En el corazón antiguo de la ciudad, paseaban sus habitantes mirando los escaparates de las dulcerías, los coloridos puestos que ocupaban las calles y participando además en alguna de las innumerables rifas.

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El Libro Verde de Barcelona. Reedición.

Estaban de moda las recién llegadas “confiterías”, que con gran surtido de dulces habían relegado de su función a los antiguos cafés y la Rambla, llena de golosinas, era también el escenario de las primeras ropas de invierno de la temporada. Los barceloneses solo empezaban a abrigarse a partir del 1 de noviembre.

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La famosa confitería Pere Llibre de Rambla / carrer Ferrán en 1882. Ilustració Catalana.

Por la tarde, se ofrecían a los muertos rezos endulzados y los teatros abrían por la noche para asuntos más profanos.

El 2 de noviembre, Día de Difuntos, se celebraban oficios solemnes en todas las iglesias y se visitaban los cementerios, en muchas ocasiones a modo de paseo ramblero. Las funciones teatrales giraban con frecuencia en torno al tema eterno de la muerte y tras la jornada se volvía al efímero de la vida.

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Plaza de acceso al cementerio (de Montjuïc) el dia de Tots Sants. Foto de Ballell.         Principios del siglo XX.

Unas décadas más tarde, Barcelona y los pueblos circundantes seguían creciendo y comenzaba a discutirse la acuciante necesidad de crear nuevos cementerios. Sant Martí de Provençals, cuyo cementerio estaba alcanzando ya su límite, empezó a estudiar futuros emplazamientos donde inhumar a sus muertos.

Tal y como vimos en un artículo anterior sobre el ermitaño del Carmel, la delimitación municipal en el pla de Barcelona era bien distinta a la actual. El Monte Carmelo y el turó de la Rovira se encontraban en el punto de confluencia entre Gràcia, Horta, Sant Andreu de Palomar y Sant Martí de Provençals.En 1880, el ayuntamiento de esta última población propone unos terrenos pertenecientes a la antigua Torre dels Pardals, junto con otros del Mas Guinardó, para la creación de un nuevo cementerio.

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La antigua Torre dels Pardals -o Mas Roig-del Guinardó en 1878. Dibujo de Eudaldo Canibell. AHCB.

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El Mas Roig,la antigua masa conocida también como la Torre dels Pardals, donde posteriormente se construiría la hermosa torre modernista hoy desaparecida.                           Foto de Co de Triola, principios del siglo XX. MDC

El semanario satírico La Campana de Gràcia, haciéndose eco de la propuesta, incide en el hecho de que por tales tierras discurren las galerías de las aguas de Montcada y dos tuberías del cercano depósito de Dosrius, con lo cual las filtraciones de agua de la montaña podrían “mejorar” su calidad como “jarabe de difunto’ y que la incineración de los muertos, que se había puesto en práctica incluso en la católica Italia hacía poco, pasaría en Barcelona por la muy conveniente “disolución en agua” de los cadáveres.

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Noticia aparecida en La Campana de Gracia, 1880.

Aunque Pedro Voltes Bou indica en su libro Historia del Abastecimiento de Agua en Barcelona (1967) que se trataba simplemente de un rumor exagerado, lo cierto es que encontramos numerosas referencias en prensa de la época a este proyecto.

En 1883, el diario La Dinastía publica un anuncio oficial comunicando que el proyecto del nuevo cementerio estará expuesto en el Ayuntamiento Constitucional de Sant Martí para que todos “los particulares” puedan presentar las “reclamaciones sobre la conveniencia de la ejecución de la obra”.

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Noticia aparecida en el diario La Dinastía en 1883

Otro artículo informa de que el proyecto de emplazar el nuevo cementerio en terrenos del Mas Guinardó –perteneciente entonces a su término municipal- o en sus alrededores es una amenaza sanitaria para la ciudad,dada la existencia de cañerías imprescindibles de agua potable, la gran permeabilidad del terreno, como demostraba el carácter de los cultivos agrícolas de la zona,y la existencia de numerosísimas fuentes.

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Depósitos de Dosrius en el Parc del Guinardó.  El más antiguo data de 1886.

Por otra parte, el coste económico de la operación es objeto de fuertes discusiones, puesto que existen diferencias considerables en el precio de los terrenos, según se encuentren a un lado u otro del Mas Guinardó, oscilando de 2.000 a 350 duros el precio de una mojada (equivalente  a 4.896,50 metros cuadrados). Asimismo, se pone en duda que acabe siendo una operación rentable, teniendo en cuenta las características del terreno para la construcción de un cementerio.

Una Comisión de Fomento del Ayuntamiento de Barcelona se pronuncia también en contra y exige que el Ayuntamiento de Sant Martí de Provençals abandone sus planes.

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Vista panorámica de Sant Martí de Provençals durante la primera década del siglo XX.         Foto de Sucarana.                                                                                                                                                 AMB

Sin embargo, un nuevo cementerio no dejaba de ser una necesidad ineludible y con el paso de los años, su posible localización se va trasladando hacia los turons.

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El turó de la Rovira en 2011,antes de su museización.                                            Foto de Public Space.

En 1893 aparecen las primeras referencias a una necrópolis en el Monte Carmelo.

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El Carmel en 1918-1920.  Foto de Lucien Roisin.

Una comisión del Fomento Voluntario de Gràcia protesta enérgicamente ante la idea de construir un camposanto en “el Monte Carmelo o Rovira”, aduciendo que existe en la zona un gran número de  “casas de campo,manantiales y fuentes de salud”, imposibilitando proyectar aquí un cementerio que serviría no solo a la población  de Sant Martí de Provençals, sino también a las de Sant Andreu de Palomar, Gràcia y Barcelona.

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Festa de l’arbre.Sant Andreu del Palomar. Foto de Ballell, 1913. AMB

Una vez expuesto el plan al público, llueven las protestas: recursos firmados por grupos de individuos, médicos, asociaciones diversas, regidores y los ayuntamientos afectados se niegan a tener un cementerio en el turó. Las principales quejas se refieren a las abundantes aguas de la zona y a sus filtraciones, que abastecen a las poblaciones que rodean la montaña. Es evidente la preocupación por la salubridad de las aguas. Se insiste en que gran parte del turó es soleado en verano, que la roca está a un metro de profundidad y que existen al menos seis minas cuyas aguas sirven a las torres y casas de campo existentes en las cercanías. Uno de los argumentos más contundentes proviene del Ayuntamiento de Sant Andreu del Palomar, que se ampara además en un Real Decreto de 1888, según el cual se prohibía la ubicación de nuevos cementerios según distancia a la primera casa, número de habitantes y la existencia de otros proyectos de urbanización.

Pese a la oposición, el insigne arquitecto municipal Pere Falquès i Urpí empieza a trabajar en los planos.

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Retrat de Pere Falqués i Urpí.                                                            Dibuix de Ramon Casas, 1905-1907.                                                  MNAC

En un artículo de La Vanguardia de 1894, bien conocida la bucólica y tranquila atmósfera que se respira en el Carmelo, nombre con el que se solía identificar a los dos turons, el autor se lamenta de que el único problema de tan idílico paraje es que ha sido escogido como emplazamiento para el nuevo cementerio de Sant Martí.

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El Santuari del Carmel en 1897. Dibujo de Pau Febrés. AMB

En mayo de 1896, la situación en Sant Martí de Provençals es insostenible. La prensa se alarma de que solo tras remover huesos, es posible enterrar a los muertos en su cementerio. En junio del mismo año, la Junta Provincial de Sanidad ordena el cierre de la fosa común por razones de salubridad y se redirigen los cadáveres al cementerio de Sant Andreu del Palomar. La urgencia propicia que se siga adelante con el proyecto de un cementerio en el turó de la Rovira.

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La necrópolis ideada por Falqués se extendía de forma concéntrica desde la cumbre de la colina hacia sus laderas, tal y como se observa en el plano adjunto, conservado en el Arxiu Municipal d’Història de Barcelona.

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Proyecto del nuevo cementerio de Sant Martí de Provençals en el turó de la Rovira.                Plano de Pere Falqués,1897.

Incluía áreas destinadas a los servicios anexos del cementerio, otras para “el sepelio de los que fallezcan fuera de la religión católica”, un “cementerio libre” y zonas ajardinadas.

La superficie total que contemplaba el proyecto inicial era de unos 274.170 metros cuadrados.

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Plano de la distribución por zonas en el cementerio proyectado en el turó de la Rovira.            Falqués, 1897.                                                                                                                                                       Arxiu Municipal de Barcelona

El cementerio de Montjuïc, que ha ido creciendo con el tiempo, cuenta en la actualidad con una extensión de aproximadamente 560.000 metros cuadrados.

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Vista aérea de la cima del turó de la Rovira y el Carmel poco antes de la museización de los restos de las baterías antiaéreas y el asentamiento informal de barracas en 2011.                       Foto de Public Space.

El cementerio siguió amenazando la tranquilidad de los vecinos durante un tiempo, aunque el proyecto acabó siendo desechado a finales del siglo XIX, posiblemente también por razones económicas. La zona no contaba con las vías de comunicación necesarias pese a los varios proyectos y la constante presión vecinal, el terreno era difícil, el turó pertenecía a cuatro propietarios diferentes y la oposición al plan no hacía más que crecer mientras que el lugar seguía urbanizándose.

En 1906, Falqués volvió a visitar el turó de la Rovira con un grupo de la Comisión de Cementerios. Venían del cementerio de Horta, donde habían estudiado la posible donación de unos terrenos para su ampliación. Tal vez Falqués soñaba todavía con su necrópolis de la colina, un cementerio que de haberse hecho realidad, habría cambiado radicalmente el barri del Carmel para siempre.

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Turó de la Rovira / Boca Nord del túnel y Rambla del Carmel en la actualidad.                                     Foto de Carles Cadena per Barri del Carmel FB.

 

*Una versión simplificada de este artículo ha aparecido en el último número de La Botiga del Barri (revista gratuïta del barri del Carmel i La Teixonera, editada per Carmel Comerç, Mercat del Carmel i Comerciants Teixonera).

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