EL ASESINATO DE UN VENDEDOR DE ESCAPULARIOS

Los orígenes de la Ermita del Carmel

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Postal-recuerdo del Monte Carmelo dirigida a una torre en Sarriá.                 Colección de la autora.

El 11 de abril de 1864 se abría al culto la ermita del Carmel con la presencia del obispo Pantaleó Montserrat y multitud de asistentes. La pequeña capilla había sido sufragada y construída por un ermitaño llamado Miquel Viladoms, del cual apenas se conserva información.

De hecho, las fechas sobre la inauguración de la ermita cambian según la prensa de la época.En una reseña del diario La Corona de Barcelona de mayo de 1864 leemos que la inauguración fue posiblemente a finales de abril y la colocación de la primera piedra en mayo. No podemos asegurar si se refiere a la ermita o a un pequeño edificio anexo.

La Corona (Barcelona. 1857). 3:5:1864,

Noticia aparecida en el diario La Corona de Barcelona, en mayo de 1864

En 1863 Miquel Viladoms había solicitado permiso para construir una cerca en terrenos de su propiedad, aunque se desconoce a quién los había comprado y cuándo. Hasta la inauguración de la ermita, el turó era conocido principalmente como turó d’en Mora, en referencia a una de las pocas casas existentes en tan remoto y brusco lugar, la masía de Can Mora, que todavía sobrevive pese a la controvertida urbanización de la zona en la que se encuentra. El turó pronto empezó a llamarse “Monte Carmelo”, convirtiéndose en lugar de paseo y peregrinación.

En una reseña de 1864 leemos que la ermita, de estilo muy simple, no contaba con prebisterio pero sí con una reja de madera cerca de la entrada desde la cual se observaba el único altar, con una imagen de la Mare de Déu del Carmel y otra de un Cristo crucificado.

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Aspecto del coro de la ermita en 1931

Un periódico madrileño de 1865 describe la ermita como “una cueva del Monte Carmelo que más debería ser albergue de foragidos -sic- que mansión de justos”. A modo de reclamo, lucía una bandera en la que, con letras muy grandes, se aseguraba que quien comprara un escapulario se salvaría del infierno. La salvación tenía varios precios, según el modelo.

Los escapularios estaban de moda. Consistían en dos piezas de tela unidas por dos largos cordones como los que llevan los religiosos de esta orden.

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Escapulario de Ntra. Sra. del Monte Carmelo

Parece ser que el ermitaño Viladoms, que se hacía llamar prior sin serlo, dormía en una cueva sobre una estera. Decoraban la estancia un crucifijo, una calavera y un “cleriguillo de barro” que podía comprarse en cualquier mercado. Viladoms se dedicaba además al exorcismo, aprovechando la cercanía del lugar denominado “Salt de les Bruixes”, en el que se rumoreaba que había aquelarres durante las noches de luna llena. Se decía  también que el “prior” había arrojado a una bruja de la ermita. Contaba con  varios ayudantes que el articulista califica como “de rostro muy bello, de corazón sencillo y fe sincera”.

En un documento de 1867, Viladoms aparece como “propietario del Monte Carmelo” y solicita permiso para ensanchar su casa. El negocio de los escapularios, al que se sumaban frecuentes donativos, debía funcionar bien. La ermita se situaba en un lugar estratégico en los limites de las parroquias colindantes y sus respectivas demarcaciones territoriales, con sus “bulliciosos pueblecitos”.

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El Santuari de la Mare de Déu del Mont Carmel en una foto de Falguera, posiblemente de los años 20 del siglo pasado. AMB

La elección de la virgen tampoco parece casual. El escapulario de la Virgen del Carmel era uno de los más populares, por tener el privilegio de garantizar la salvación a quien lo llevara en el momento de su muerte. Como patrona del mar y los marineros, se le rendía culto en un turó con una vista privilegiada desde el cual se podía divisar el Mediterráneo en todo su esplendor.

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El interior de la ermita del Carmel, posiblemente en los años 30. Obsérvese el barco que cuelga sobre el altar, actualmente desaparecido. Foto del AMB

En 1876 se publican los primeros “Goigs a la Mare de Déu del Carmel” y la ermita crecía en popularidad.

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Goigs a Nostra Senyora del Mont Carmel, en una versión editada en 1974

Sin embargo, la víspera de la fiesta del Carmen en julio de 1877, aparece en los diarios la noticia del misterioso asesinato de Miquel Viladoms. En una crónica se relata que “el infeliz yacía cadáver, ensangrentado, con ocho puñaladas, al pie de la virgen que allí se venera. Se atribuye el hecho a venganza personal, porque las alhajas que tenía dispuestas para adornar la imagen no fueron robadas, encontrándose además once pesetas en el bolsillo de la victima”.

Hasta ahora, las pocas referencias publicadas al respecto, principalmente la de J.M Huertas en su “Mites i Gent de Barcelona”, recogidas también en el libro “El Carmel Ignorat”, hablaban de que nunca se encontró al culpable ni se esclarecieron las circunstancias que condujeron al asesinato. Sin embargo, un exhaustivo recorrido por diferentes hemerotecas, nos ha descubierto que un mes más tarde, la Guardia Civil detenía y ponía a disposición judicial al presunto autor del asesinato, acusado además del robo de nada menos que 900 duros, sin duda toda una pequeña fortuna para su época.

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La edición de El Pueblo Español, diario de la tarde de Madrid, del día 30 de agosto de 1877 informa de que tras una intensa investigación se ha logrado dar con el asesino de Viladoms, un tal Vicente Ferrer Grabat, a quien la Guardia Civil del puesto de San Andrés de Palomar ha arrestado. En su posesión se encontraron 968 duros en monedas de oro y plata.

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Noticia aparecida en el vespertino madrileño El Pueblo Español, 30 de agosto de 1877.

El testamento de Viladoms legaba la ermita a las parroquias de Sant Joan d’Horta y Sant Joan de Gràcia, que fueron alternándose propiedad y administración posteriormente. Esta muerte violenta dentro del templo mismo provocó su abandono durante un tiempo y el Juzgado de Horta decidió sellar sus puertas. La casa adyacente continuó albergando a unos ermitaños que custodiaban el templo y que llegaron a servir comidas.

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El Santuari del Carmel a principios del siglo XX, cuando también funcionaba como fonda.               Foto del C.E.C

Un boletín eclesiástico de 1899 incluye una curiosa referencia al “santuario denominado el Carmelo’ cuyo autor se queja de que “de los documentos y objetos de culto no puedo dar noticia por haberse apoderado de ellos, no sé con qué pretexto, el párroco de Horta, desatendiendo mi reclamación formulada por escrito y hecha verbalmente… de cuya conducta formalmente protesto”.

Una gran parte de los archivos de las parroquias de Sant Joan de Gràcia y Sant Joan d’Horta fueron destruídos durante la Setmana Tràgica y la Guerra “incivil”, perdiéndose para siempre otros rastros que pudieran haber dejado el ermitaño y la obra de su vida.

139 años después del misterioso asesinato de Viladoms, la ermita del Carmel, que da nombre al barrio, se ha convertido en uno de sus símbolos de identidad.

 

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10 pensaments sobre “EL ASESINATO DE UN VENDEDOR DE ESCAPULARIOS

  1. Felicitats Maria José pel fantàstic article.
    Des del gurp d’estudis El Pou també fem recerca sobre els barris d’Horta-Guinardó i hem trobat una fita de terme a la intersecció dels murs de tanca del santuari del Carmel i el de l’ermita de Fàtima. Desoneixem l’antiguetat de la pedra-molló però indicava els límits dels antics municipis de Gràcia i Sant Joan d’Horta que es van annexionar a Barcelona el 1897 i 1904 respectivament. La pedra te gravades dues cares oposades amb les lletres G i SJH.

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    1. Moltes gràcies,Juanjo!
      En realitat, encara tenia més coses per escriure però finalmente va quedar amb aquest format.
      Quina meravella el que dius de la fita! Potser ja saps que visc al Japó, la qual cosa limita molt les meves investigacions.
      M’encantaria veure-la. Podria ser -gairabé segur- una de les fites col.locades per l’Ajuntament de Gràcia el dia 16 de novembre de 1889.
      Tenim fins i tot registre d’hora: a les tres de la tarda!
      Salutacions.

      M'agrada

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